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sábado, 1 de agosto de 2026

Para servirle a Dios, a Don Porfirio y a usted: La sociedad porfiriana y sus recuerdos a través de la cinecomedia “México De Mis Recuerdos” (1944) de Juan Bustillo Oro.

Para servirle a Dios, a Don Porfirio y a usted: La sociedad porfiriana y sus recuerdos a través de la cinecomedia “México De Mis Recuerdos” (1944) de Juan Bustillo Oro.

Huerta Ochoa Oscar David.

                                                                             Introducción

Antonio R. Frausto
caracterizado como Porfirio Díaz,
atrás Roberto Cañedo.
Esta investigación nace de un interés profundo por la cinematografía de la "Añoranza Porfiriana", un subgénero del Cine de Oro mexicano que, a diferencia del discurso histórico nacional tradicional, rescató la época decimonónica con un sentir alegre y nostálgico. En este contexto, la figura de Porfirio Díaz dejó de ser "demonizada" para convertirse en un referente de orden y paz. La pieza central de este estudio es la cinecomedia “México De Mis Recuerdos” (1944), dirigida por Juan Bustillo Oro, una obra que destaca por su atmósfera romántica y un humor lleno de inventiva que permite explorar cómo la añeja aristocracia veía el México moderno.


El planteamiento del problema se enfoca en realizar un análisis de la sociedad porfiriana, examinando las interacciones entre las clases alta y baja, fundamentales para comprender la narrativa, el como ocurre con el contraste entre la "dama joven" y los personajes de la vecindad. Asimismo, se aborda la representación de la mujer como artista, explorando las tensiones sociales sobre la decencia y el prejuicio hacia las "actrices cómicas" de teatro. Este estudio se justifica por la capacidad del filme para construir una reproducción visual de las costumbres, los espacios de socialización y las estéticas de hace un siglo, funcionando como una "utopía porfiriana" diseñada por el mismo director Juan Bustillo Oro.
Virginia Zuri y Antonio R. Frausto
interpretando a Carmelita Romero Rubio
y a Porfirio Díaz.
Para guiar la investigación, se plantean preguntas sobre cómo se representa a la alta sociedad en la cinta, qué factores permitieron el auge de este género entre 1930 y 1940, y cuál era el papel del cine durante el sexenio de Manuel Ávila Camacho. En consecuencia, el objetivo general es analizar la visión del autor sobre dicha sociedad, examinando la utopía moral que construye como un diagnóstico de valores frente al México de los años 40. Además, se busca investigar este ciclo como un "refugio nostálgico" ante la inestabilidad de la Segunda Guerra Mundial y vincular su mensaje con el conservadurismo nacionalista del gobierno de la época, que utilizó la pax porfiriana para promover la unidad y la moral familiar.


El estado de la cuestión respalda este enfoque, puesto que Jacqueline A. Avila[1] describe la película como una "válvula de escape social" que contrasta el México ruidoso con un pasado idealizado, para Roberto Fiesco destaca la creación de un imaginario de "paz social" donde Díaz actúa como un protector bondadoso[2] y por su parte, José Manuel Hernández Morales vincula la obra con el rescate del ingenio popular y la tradición del teatro de revista[3].
Finalmente, la hipótesis sostiene que la sociedad porfiriana es presentada en este filme como un entorno sumamente moral, refinado y "pulcro", reflejando aspiraciones de higiene y elegancia propias de la época de filmación. Se sugiere que el éxito de estos géneros respondió a que, ante la fatalidad de la guerra mundial difundida en los medios, la sociedad buscó en la nostalgia un lugar de orden y paz. Así, el cine funcionó como un mecanismo de distracción y una herramienta para distribuir discursos nacionalistas en un periodo que demandaba, que necesitaba de una cohesión social para no ser atropellada por el desconocimiento del pacto federal de nuevo.
De pregones y tranvías de mulitas: La construcción de las clases bajas.
Pregoneros al inicio de la cinta.
Es interesante y hasta nostálgico ver la comparativa primera al inicio de la película, que muestra los fragantes automóviles transitando por Reforma y frente al Salto del Agua, y cómo es que, poco a poco, va transitando hasta convertirse en los tranvías de mulitas y los carruajes tirados por caballos en la misma zona, como sí el mismo Juan Bustillo Oro quiera mostrar el qué y cómo se ha transformado México en tan solo unos pocos años, a la par, se le escucha a Fernando Soler, actor de esta misma cinta fílmica, dando un discurso sobre el México de los viejos, de pronto el narrador hará una pregunta sobre el destino de la nación, quién sabe, esperando probablemente que en un futuro este mismo modernismo sea aún más visible, así pues, tras unos pasajes pregoneros, sigue contando cómo es que vería el director el viejo México que él conoció en su infancia, uno donde las infancias masculinas jugaban en La Alameda y cuando sucedían  tan famosas Tandas del Teatro Principal que escandalizaron a la sociedad de entonces, así como los bailes del Jookey Club.


Conchita y Don Susanito
A pesar de que veremos muchos tipos de gentes de la más alta alcurnia, de las clases populares llegaremos a ver pocos personajes, por no decir que una sola, mientras que los demás son solo representaciones espontaneas, entre las que destacan en un inicio la de los pregoneros, vendedores que, ganándose la vida, hacían cantares pegajosos o tonadillas distintivas, que irán gritando por la calle lo que sea que vendan, a la par, veremos distinciones entre sexos, pues el femenino llevará el cabello como coletas que van cayendo por su espalda o escondido con el rebozo, vestimenta tan exotizada por el cine mexicano para darle ese sentido de origen “humildad” a un personaje femenino, además, siempre la mujer es asociada a la vida y con ello se busca hacer referencia con uno de los pregones iniciales, la de la mujer que, con canasta en mano, hace referencia a los chichicuilotes[4], un ave que era alimento de origen animal para las clases populares cercanas a los entonces existentes lagos de Chalco y de Texcoco, pero también veremos al hombre con calzón de manta ya manchado por las labores propias de la venta, algunos, como el “trompadero”, con sombrero de paja, otros, como el que vende tierra para las macetas, adoleciendo de este. 

Más el único personaje que vemos que aparece en bastantes tomas es Conchita[5], mujer huraña que va quejándose de las reumas y del cansancio, es la que barre mientras le pega a unos niños con su escoba, sus indumentarias, que constan de una falda y un rebozo, más se puede observar que, aunque pobre, tiene ropa en muy buen estado.


Las diferencias entre Conchita
y Chucho "Mendieta".
Su personaje pudiera dar a entender que tiene otras cosas que hacer que serán inobservables por Bustillo Oro, quizás lavar ropa, quizás cuidar a su marido, más además de esas actividades el director le da también el papel de criada de Chucho Mendieta, puesto que, aunque ambos viven en la misma vecindad, Chucho Mendieta vive en esa distinción de clase ilusoria que le alejará socialmente de Conchita y le acercará más al Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, algo que dejaremos para líneas más adelante.
 Es de agregarse también el caso de la sirvienta (o nana) de Rosario Medina, quien lleva el cabello corto, además de un escote nulo, dejando únicamente su cuello y manos a la vista, caso contrario es el mayordomo, que ya de por si figura tener mucha edad al servicio de la casa, no viste de saco más sí que lleva su chaleco que va debajo del saco, viste elegantemente como se espera, más luce también servicial a lo que digan los patrones y, justo al final, tiene un traje elegante perfecto para las bodas de Pablo Flores y Rosario Medina.

Por su digno presidente: la construcción de las clases altas.

Antonio R. Frausto
En las clases altas veremos en primer lugar al héroe, al viejo caudillo de la Reforma y de Maximiliano, que es nada más y nada menos que el general Porfirio Díaz, encarnado en este celuloide[6] por Antonio R. Frausto, un hombre que será idealizado por Juan Bustillo Oro como un personaje honorable, de buen ver a pesar de su avanzada edad y hasta con cierta carisma, casi subido a tono de abuelito que es amable, lo suficientemente complaciente y relajado como para no poner tanta severidad que caiga casi en la dureza de un general de la restauración republicana. Junto a él vemos a Doña Carmelita Romero Rubio[7], quien muestra esa pasividad de la que figura su esposo Don Porfirio, junto a tal pasividad se les ve tan relajados bebiendo champagne o algún vino francés cuando ambos se llegan a preguntar “¿y en cuántas cosas más importantes nos pasará lo mismo?”[8], esto cuando el Teniente González[9] les responde que el vals que suena de fondo se intitula “Carmen”[10] y que es de Chucho Flores. Esto, que pudiera parecer cómico, más bien pareciera querer decir que es tanta la desconexión con la realidad que Don Porfirio esta hoy bien feliz comiendo pasteles y sin saberlo mañana le sucederá casi como a Luis XVI, quien por la Revolución Francesa perdió no solo el reinado, sino su cabeza. ¿Acaso el director Juan Bustillo Oro quería comparar al viejo caudillo de Don Porfirio con Luis XVI y a Doña Carmelita Romero Rubio con María Antonieta a la hora de ella preguntarse por qué le habían hecho tal vals?


Tenemos también al secretario del presidente, Don Susanito Peñafiel y Somellera, quien parece ser un hombre simple, que es viejo, avaricioso, tonto, corrupto y que no dejar pasar la más mínima oportunidad para alabar al presidente. A lo largo de la cinta se ve que tiene cierto carisma, simpatía y hasta una inocencia que rosaría con lo infantil, de quien se aprovecharan los personajes ya que tiene la debilidad de ir por ahí diciendo que es secretario personal de Porfirio Díaz, lo que es muestra de que se cree tan poca cosa que trata su ego de compensarlo al hacer alarde de tal puesto.



También figura el galán joven, Don Pablo Flores
[11] que es un “calavera”, pues vive del dinero ajeno, gusta del vino, la zarzuela con sus triples y aborrece todo lo que le recuerde a sus recatadas tías[12], un trio de señoritas solteronas que han quedado para vestir santos y que están ensimismadas en casarle con Rosario Medina[13], una señorita decente provinciana y que sigue los valores cristianos, que finge despreciar a Pablo a pesar de quererlo y, con tal de lograrlo y doblegar a quien tantos desprecios le da, hará todo lo que sea con tal de ganarse el amor de Pablo, que es hijo de su madre[14]y de Jesús “Chucho” Flores.


Esta clase social alta es muy bien educada, de “buen gusto”
[15], letrada y fina. Los varones, como Don Porfirio Díaz, tienen inmobiliario de maderas, mientras más clase más finos, visten elegantes, lo que quiere decir que de traje con corbata o moño, algún clavel, pañuelo o ambos en la bolsa del saco, con guantes, bastón y sombrero, lo mismo un bombín que uno de copa o de ala corta al estilo de caballero inglés y que desprecian el tequila y todas las bebidas que tengan que ver con las clases más bajas, prefiriendo el champagne o algún otro licor europeo. 


Conchita Gentil Arcos y Mimi Derba (arriba)
Sofía Álvarez y Ma. Luisa Serrano (abajo).
Las mujeres, por su parte, lucen lo esencial: el vestido, lo mismo con escote en forma de “v” que sin escote, con mil adornos y estampados a lo largo y ancho del vestido, emperifolladas con aretes discretos, collares, rosarios y medallas. En el caso de las tías solteronas podemos observar que tienen peinados que son levantados o cortos, dejando a la vista los oídos, algo de este patrón se dejará observar en Rosario Medina, quien aunque tiene un peinado un tanto cuanto elevado presenta un moño por detrás del cuello, adornando la leve coleta que cae por la espalda. Esta clase alta tiene los ojos con especial énfasis en el honor de la familia y en evitar la vergüenza, atentos a ver que no les tengan en boca de todos por decir palabras como “francachela” o usar recursos zarzueleros, mucho menos las señoritas de buenas costumbres, pues todo lo que sea de teatro huele a azufre como el diablo, por lo cual todos esos ademanes como poner las muñecas en las caderas o poner una pierna sobre la otra con la falda de altura máxima a la rodilla se vuelve en un escándalo. El director no lo muestra, pero las clases altas son vigiladas por el cura o por la Liga de las Buenas Costumbres
[16] que fielmente vigila a la sociedad propiciando la moralidad y demonizando las costumbres de los más pobres individuos.

Virtudes propias de un bohemio: El artista

Fernando Soler caracterizando a Chucho Flores.
Chucho Flores
[17] es un bohemio compositor y seguramente militar de abolengo que fue intimo amigo de Porfirio Díaz, pero que por una promesa se cambiará el apellido por el de “Mendieta”, que al inicio de la película vive refugiado en una vecindad frente a la fuente de Salto del Agua y que acabará la cinta redimiéndose. Es un hombre entregado totalmente al arte, capaz de vender sus muebles para transformarlos en licor con tal de seguir en la bohemia junto a sus amigos [18]y que tendrán para bien el “alimentarse de ideal, de ambrosía o buscar quien nos convide[19]


Pablo y Jesús Flores,
Nicolas Zúñiga y Miranda,
Amado Nervo.
Él y sus amigos artistas son bohemios aprovechados de las oportunidades y que tienen más que ideales en la vida y una forma tan picará de ser que viven entre los más bajos de la sociedad pero con gustos más finos que los franceses, más de todos ellos es, de forma agraciada y modernista, la dupla de Susanito Peñafiel y Chucho Mendieta la que harán del nuevo Don Quijote y Sancho Panza, en el que el ingenioso Chucho Mendieta logra enfrentarse a las hermanas Moriones y al honor (tanto el llegar virgen al matrimonio como al honor de caballero) con tal de salvar a la doncella Rosario Medina (que no es tan frágil), mientras que Don Susanito hace de todo indirectamente para que el deseo de Chucho Flores salga bien parado… finalizando Don Susanito en que se pondrá en problemas con Don Porfirio por darle mentira tras mentira.

Las lindas mariposas del amor: La mujer artista y no artista.

Adelina Rojas y Pablo Flores
Las triples, como Adelina Rojas
[20], tienen un escote muy bajo, dejándosele observar el principio de su pecho, ricamente adornada con collares de brillantes y metales preciosos, con pomposos vestidos y sombreros emplumados, muy al estilo francés de la época, por ello y para que el filme no siga la misma ruta, Chucho Flores regresa de entre los muertos y despierta en Rosario la mejor de las ideas pero que, a su vez, representará también una fatalidad por el hecho de que engañará a las tías. Así pues, Rosario se va a un hotel cercano a La Alameda, cambia la indumentaria a una más coqueta, un paraguas bonachón y mil cien adornos sobre su entallada figura, con tal de llamar la atención y mencionará entonces que es vista y observada por todos los hombres a su alrededor, puesto que el objetivo será conquistar y hacer desesperar a Pablo por los constantes desprecios de Rosario y los celos contra Don Susanito. Lo irónico es que, aunque resulta una idea genial, siempre Rosario deberá ser vigilada por un viejo tonto e inofensivo (como Don Susanito) y por su futuro suegro a fin de mantener intacta la honra de la muchacha, por no decir la tan cuidada virginidad de Rosario que solo podrá ser eliminada para cuando sea madre.

Chucho Flores y Rosario Medina
El pasado para las triples de teatro parece ser algo que tenga un peso moral cuando al fin se casan estas, ejemplo de ello es Celia García, rival de “Clementina Orozco”, el alter ego de Rosario, quien se casa con el General Zamudio y que, con tal de que al fin Don Susanito deje en paz a Rosario, hará nuestro ingenioso hidalgo Don Chucho que Susanito diga que él era el amante preferido de Celia García, poniendo como testigo al esposo de ella quien, en hilarante colera, lo retará a muerte.


Esta misma retorica donde la mujer tiene muchos amantes la vuelven alguien que sea “cínica” o “aventurera” y que no merece más que el rechazo de la sociedad, más irónicamente, el masculino que hace lo mismo, como en el caso de Pablo Flores, despierta todo un triangulo amoroso a su alrededor y la pasión de dos damas (Adelina Rojas y Rosario Medina) que, aunque enamoradas del mismo hombre, parecen tener dos valores morales totalmente distintos y que llevan a Adelina (quien al ser una “mujer fácil” no es de tanta importancia para Pablo) a odiar a Rosario, que hace mofa con suspicacia y gracia de aquel hombre que esta perdido por ella, pues de ambas damas jóvenes de la cinta es Rosario no solo la más bella de entre todas, sino que sigue igual de santa que la Virgen María, siendo su ausencia de vida sexual lo que más vale y, paradójicamente, lo que más ignora tanto Don Susanito como Pablo.

Con su permiso, señor presidente: Diagnostico de la sociedad según Bustillo Oro

Bustillo Oro
Si bien, nos muestra su director (Juan Bustillo Oro) una vida de abolengo, una donde es tan fácil lograr no solo el amor que acabe en matrimonio, sino que hasta los amores fáciles están al alcance de la mano, es una vida de honor, de ventura, galantería y elegancia donde las normas se ven rotas solo por la
  influencia que lleva el ser algo del Presidente, donde hay mil bailes y que incluso la baja sociedad vive decentemente en vecindades que, hipotéticamente, no están en mal estado y que sobre todo tienen ciertas comodidades, donde el agua abunda y así como abunda está (el agua), el dinero  y los buenos modales también, algo muy contrario al hacinamiento propio de las vecindades, pues en la película es esa vecindad, frente al Salto del Agua, una que aparenta estar vacía, desprovista de la clase baja.

Despidiendo a Don Porfirio...
Más a la par nos muestra en esa carencia sobre las clases populares que la clase alta vive en su mundo tan perfecto que es, como dije antes, casi comparable al tan famoso dicho (e irónicamente falso) de la reina María Antonieta: ¡qué coman pasteles! Esta sociedad elevada tiene no solo barreras económicas o de modales, sino también mentales que le impiden ser de baja clase, pues aunque estén arruinados y con nada más que un colchón, siguen siendo nobles sin dinero, lo que probablemente en la España del s. XV los haría ser hidalgos.

Conclusiones.

Sofía Álvarez en el
musical de "Las Mariposas"
Muchas veces, cuando sentía mi corazón palidecer en las aguas de la nostalgia y la tristeza, me sentaba a ver las mismas antiguas películas (como esta y muchas otras) que había disfrutado hasta hace unos años con mis abuelitos en la casa paterna, donde todo parecía seguridad y confort sin preocuparme por nada de afuera, incluso hasta hace unos cuantos meses atrás me sentaba a hacerlo, más ha sido en esta inagotable tarea de sentarme a observar esta película que me he dado cuenta que si bien, puede despertar viejos recuerdos, incluso todavía a día de hoy risas, esta mostrando Juan Bustillo Oro un México que, aunque parece que ha quedado enterrado porque en sus tiempos era cosa de tres décadas las que separaban la película en su tiempo y del tiempo que habla y a día de hoy ya casi figuran trece décadas de ello y, resulta interesante, cómo es que ciertos aspectos sociales, políticos e incluso económicos aún figuran en el México de hoy… tales como esa adulación y corrupción que están presentes en Don Susanito Peñafiel y Somellera pero que son siempre opacadas por su ingenuidad y su gracia simpática.

Indudable es que entre a analizar esta película creyendo que era un refugio del México de entonces ante los infiernos de la segunda guerra mundial, y, aunque no dudo que haya algo de eso, encontré más que nada una carta, no solo al publico nacional, sino también al publico extranjero, que México, aún y con su Revolución de once años, había traído una modernidad tan rápida a México que era casi imposible reconocerla en tan solo treinta años desde el exilio del viejo y tan añejo caudillo, donde Don Porfirio y los hombres del ayer ya no gobernaban, ya no tenían ese poder y, por el contrario, las Instituciones nos han hecho fuertes, nos han dado no solo más civilidad, sino que nos han hecho aún más ricos. ¿Es que acaso México era pobre como antes? No en todos sentidos.

Pablo Flores y Rosario Medina
Esta película funciona no solo como un refugio para los más viejos de entonces al tratar de representar las tan viejas andanzas de aquel Pablo Flores que, en 1944, ya había perdido no solo a su padre, su padrino de bodas o su tesoro: la juventud, sino que era un México que él ya no podría reconocer por el cambio tan radical que había llegado, donde los caballos ya eran casi cosa exclusiva del mundo rural, donde las mujeres, si bien, podían aspirar a un poco más, como trabajar, podían también casarse y no necesariamente con un hombre que fuera elegido por sus padres, un México donde ya no hay espacio para lo viejo, sino para lo moderno.

¿Es que acaso funcionaba para decir que la sociedad era mucho mejor ayer que hoy? En ciertos aspectos podría considerarse la tranquilidad y la falta de ese “asfixiante olor a gasolina” del que hace mención el discurso inicial narrado por Fernando Soler. 
Pero también parece decir que antes el dinero del país se podía gastar por gracia de la corrupción en mil cien cosas para la amante o para solventar gastos del teatro, ¿o no es verdad que de esto hace mención Don Susanito cuando Chucho Mendieta lo lleva a conocer a Rosario Medina en La Alameda? Así pues no encuentro los elementos suficientes para justificar que esta película funcionará como un refugio ante los embates sangrientos de la Segunda Guerra Mundial, más si que los encuentro para invitar a la reflexión de que México ya era, ya es otro país muy distinto al que había, uno donde las instituciones se fortalecen, donde el poder ya no ronda solo en una sola persona, sino que ronda en más personas que son justas, pues si no fueran justas, ¿cómo se explicaría el asfixiante olor a gasolina? Creo francamente en esto que estoy acabando de escribir porque el discurso al inicio hace mucha referencia a los cambios en solo tres décadas… donde la Revolución triunfo, pero también deja Juan Bustillo Oro una pregunta: ¿a dónde va México? Y creo esa es una muy excelente pregunta, tanta modernidad podría deslumbrar a alguien que tomará una máquina del tiempo y viera las notorias diferencias entre el México de 1900 y el México de 1944, pero ¿en serio se tornó muy distinta la situación?

Juan Bustillo Oro parece que vio algo más en el pasado que, de raras formas, podría repetirse bajo otras condiciones en un futuro, considerando pues a Marc Bloch y su mar de plasma donde nadan los fenómenos sociales en el que los acontecimientos no vuelven a ocurrir de la misma forma porque cambian las estructuras sociales[21], pues si bien, podrá haber llegado el Milagro Mexicano con Miguel Alemán, fuera quizás la ausencia de aquellos que vieron los cambios transcurrir lo que provocará el estancamiento de México, pues así llegó Echeverría con sus gastos en cocineros personales, tales como Don Porfirio y las modas francesas, pues así llegó el nuevo Susano Peñafiel quien, encarnando en López-Portillo, administro tan bien la riqueza que nos llevó a las crisis de los años 80 y 90 en México con los gobiernos de Salinas de Gortari y los sucesorios… que nada lograron hacer por mejorar la situación del México del momento.

Fuentes
·         Fuentes primarias:
o   Bustillo Oro, Juan, México De Mis Recuerdos, FILMEX, 1944. 
https://www.facebook.com/N0ST4L614MU51C4L/videos/m%C3%A9xico-de-mis-recuerdos-1944-de-juan-bustillo-orocinecomedia-original-de-juan-bu/1182059487241052/ 

·         Fuentes secundarias:
o   Avila, Jacqueline A. «“Los Sonidos del cine”: Cinematic Music in Mexican Film, 1930-1950». Tesis de doctorado, University of California, Riverside, 2011. https://escholarship.org/content/qt5k17x9ng/qt5k17x9ng_noSplash_260ed2518d845792927b859ebcefcb16.pdf
o   Fiesco, Roberto. «Sofía, Alicia, José, Pompín y los otros». Cuadernos de cine colombiano, n.º 19 (2013): 3–52. https://idartesencasa.gov.co/sites/default/files/libros_pdf/Cuadernos%20de%20cine%20colombiano%20No%2019%20Colombia%20segun%20el%20cine%20extranjero.pdf
o   Hernández Morales, José Manuel. «“AVE FÉNIX- La historia del Teatro Popular Mexicano”: Historia, clímax y ocaso del teatro de revista en México». Informe académico, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012. https://ru.dgb.unam.mx/server/api/core/bitstreams/6f967b2b-d6a8-4446-a7fe-0663eb4cda8d/content
·         Fuentes adicionales.
o   Marc Bloch, Apología para la historia o el oficio de historiador, editado por Étienne Bloch, trad. De María Jiménez y Danielle Zaslavsky, 2da ed. México: Fondo de Cultura Económica, 2001.
 https://jcguanche.wordpress.com/wp-content/uploads/2015/08/blochapologia-para-la-historia.pdf
 
NOTAS A PIE DE PÁGINA


[1] Jacqueline A. Avila, «“Los Sonidos del cine”: Cinematic Music in Mexican Film, 1930-1950» (tesis de doctorado, University of California, Riverside, 2011).
[2] Roberto Fiesco, «Sofía, Alicia, José, Pompín y los otros», Cuadernos de cine colombiano, n.º 19 (2013): 3–52.
[3] José Manuel Hernández Morales, «“AVE FÉNIX- La historia del Teatro Popular Mexicano”: Historia, clímax y ocaso del teatro de revista en México» (informe académico, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012).
[4] Una especie de ave lacustre, conocida también como títere playero o chorlo de pico grueso, de nombre científico charadrius wilsonia.
[5] Interpretada por Dolores Caramillo “Fraustita”, maquillista de la pelicula y esposa de Antonio R. Frausto, de ahí su apodo de “Fraustita”.
[6] Antonio R. Frausto personificó en varias películas de la época de oro del cine mexicano a Porfirio Díaz, ejemplo de ello es “En Tiempos De Don Porfirio” (1939) de Juan Bustillo Oro, filme en el que vuelven a actuar juntos Joaquín Pardavé y Fernando Soler pero con las actuaciones de Emilio Tuero sustituyendo a Luis Aldás y con Marina Tamayo sustituyendo a Sofía Álvarez y otro caso de Antonio R. Frausto como Don Porfirio es en “Sobre Las Olas” (1950) de Ismael Rodríguez, cinta protagonizada por Pedro Infante.
[7] Papel interpretado por la actriz Virginia Zuri.
[8] Antonio R. Frausto, intervención en México De Mis Recuerdos, dirigido por Juan Bustillo Oro (FILMEX, 1944), 00.05.24-00.05.27.
[9] Una aparición de Roberto Cañedo como extra, que, aunque no vuelve a tener más diálogos, si se presenta como guardia de Don Porfirio a lo largo de la cinta.
[10] “Carmen” fue originalmente escrito por Juventino Rosas en honor a Doña Carmelita Romero de Díaz, algo de lo que se hace mención en la parte de los créditos iniciales del mismo filme.
[11] Encarnado por el actor argentino Luis Aldás.
[12] Donde figuran las actrices Mimi Derba (Gertrudis), Conchita Gentil Arcos como “Blandina” y María Luisa Serrano como “Cuquita”.
[13] Papel que va a tener en el celuloide la actriz y cantante de origen colombiano Sofía Álvarez.
[14] Que jamás es nombrada a lo largo del filme y no se le conoce más que el papel.
[15] Mimi Derba, intervención en México De Mis Recuerdos, dirigido por Juan Bustillo Oro (FILMEX, 1944), 00.07.08-00.07.10.
[16] Recomiendo ver la cinecomedia musical “Ay Que Tiempos Señor Don Simón” (1941) de Julio Bracho, para darse una idea romántica de cómo es que eran los tratos.
[17] Personaje encarnado por el entonces nombrado como “mejor actor de México”: Fernando Díaz Pavia, de nombre artístico Fernando Soler.
[18] Entre los cuales podemos encontrar a los compositores y pianistas Ernesto Elorduy (interpretado por Ernesto Monato) y Ricardo Castro (autor del Vals Capricho y solo nombrado), los poetas Luis G. Urbina (Ricardo Mutio) y Amado Nervo (José Pidal) y hasta el político Don Nicolás Zuñiga y Miranda (quien fuera el rival electoral de Porfirio Díaz y que compitiera por la presidencia hasta el año de 1921 contra Alvaro Obregón. En este celuloide es interpretado por el actor Max Langler.)
[19] Fernando Soler, intervención en México De Mis Recuerdos, dirigido por Juan Bustillo Oro (FILMEX, 1944), 00.29.18-00.29.21.
[20] Papel interpretado por Tana Devodier.
[21] Marc Bloch, Apología para la historia o el oficio de historiador, ed. De Étienne Bloch, trad. De María Jiménez y Danielle Zaslavsky, 2da ed. México: Fondo de Cultura Económica, 2001, pp.52-58.

lunes, 1 de septiembre de 2025

¿Por qué no fueron aquellas noches como soñé? Miguel Lerdo de Tejada y Jorge Negrete.

Miguel Lerdo De Tejada II
A inicios del siglo XX, México vivía una mezcla curiosa de esplendor y tensión. El Porfiriato estaba llegando a su ocaso: en las calles de la Ciudad de México se respiraba modernidad, pero también el peso de una estructura social rígida. El ferrocarril unía ciudades antes aisladas, la electricidad comenzaba a encender barrios enteros y los cafés y teatros eran punto de reunión para políticos, intelectuales, bohemios y músicos. En ese ambiente, la habanera —importada desde Cuba y transformada por el gusto local— se convirtió en el género musical de moda, llenando salones y plazas con su ritmo cadencioso y elegante.


Es en este escenario donde aparece Miguel Lerdo de Tejada II. De familia ilustre, descendiente directo de Miguel Lerdo de Tejada (figura central en la redacción de las Leyes de Reforma, particularmente las leyes contra el clero publicadas en Veracruz) y sobrino de Sebastián Lerdo de Tejada, presidente de México entre 1872 y 1876, Miguel no heredó la disciplina política de sus antepasados, sino un espíritu bohemio y musical. Para 1901, rondaba los 20 años y ya se había distanciado de su familia. Sus pasos lo habían llevado a los barrios bajos de la capital, donde sobrevivía componiendo canciones y tocando en reuniones, cafés y pequeños teatros.


Fue en esos días cuando, junto a su amigo Fernando Luna y Drusina —autor de la letra—, compuso una pieza extensa, estructurada en cinco partes: “Perjura”. La obra, considerada por muchos como el inicio de la música popular mexicana contemporánea, fue entregada a un editor que pagó 25 pesos de la época. Según relata el investigador Pavel Granados en el programa Dicen que por las noches de la XEB, Lerdo y su compañero gastaron aquella suma en una parranda de varios días, felices, pero sin imaginar que acababan de renunciar a los derechos de una de las piezas más importantes de su carrera.

El éxito de “Perjura” fue inmediato, pero su letra —atrevida para la moral de la época— provocó que fuera considerada inmoral y, por ello, prohibida durante años. Solo tras el fin de la Revolución Mexicana volvió a circular, ya convertida en un referente popular. Su arraigo fue tal que no tardó en llegar a la incipiente industria cinematográfica: bajo la dirección de Raphael J. Sevilla, la película “Perjura” llevó a la pantalla grande la historia detrás del tema, con la interpretación de Jorge Negrete, que le dio un mayor alcance a pesar de ser una pieza de antaño.


Luis G. Barreido y dos actrices en
"Perjura".
Pero “Perjura” no fue el único trabajo de Lerdo que terminó fuera de sus manos. También “Te Envié Violetas” y “La Danza de los Apuros” corrieron la misma suerte: vendidas, sin derechos, y sin que el compositor recibiera regalías cuando alcanzaron la fama. 


Años después se hace la cinta "Perjura" en 1937 y se estrenó el 14 de octubre de 1938, fue su director el gran Raphael J. Sevilla, con actuación en el piano del propio Miguel Lerdo De Tejada y orquestado por Manuel "el güero" Castro Padilla, en el elenco Jorge Negrete, Carlos López Moctezuma, Sara Garcia, Marina Tamayo, Luis G. Barreido y Eduardo "Nanche" Arozamena, con números musicales de Jorge Negrete, Luis G. Barreido y otro cantante más. 

En la cinta se interpretan exclusivamente canciones de Miguel Lerdo de Tejada, Jorge Negrete interpretando las dos danzas ("Perjura" y "Te Envie Violetas") y aparece el actor cómico español Luis G. Barreido cantando “La Danza de los Apuros”, una verdadera rareza dentro del cine de la época de oro, ya que no figura como cantante en mayores peliculas.

La historia discográfica de estas canciones añade más matices. La Victor Mexicana, consciente del éxito de Perjura, pidió a Jorge Negrete, quien estaba dentro del catálogo de artistas VICTOR, que la grabara. Así, en 1939 quedó registrada en el lado A, mientras “Te Envié Violetas” ocupaba el lado B. Sin embargo, esta última no fue lanzada comercialmente después de ese disco del año 1939, sino hasta 2013, cuando Sony Music Company la rescató como “tema inédito”, a pesar de ser un tema solo para los coleccionistas de los shellacs.


Aquí conviene aclarar un detalle que ha perseguido a la interpretación de “Perjura” con Don Jorge: E. Byron no fue quien acompañó a Negrete en “Perjura” y “Las Violetas”, sino que fue la Orquesta de Salón Victor. En grabaciones más antiguas, esta agrupación aparece bajo la dirección de Alfredo Cibelli, músico y director de orquesta que también trabajó con figuras como Carlos Gardel, Enrico Carusso y Juan Arvizu, a quien acompañó en clásicos como “Azul” y “Bésame En La Boca”. Su batuta también está presente en temas interpretados por el Dr. Alfonso Ortiz Tirado, como “Mañanita Fría” y “No Niegues Que Me Quisiste”.

Aunque el nombre de Cibelli deja de aparecer alrededor de 1936 en los discos Víctor, su labor orquestal es recordada como elegante y precisa, capaz de realzar las interpretaciones de los artistas más importantes de la época.

Los registros de Jorge Negrete en la RCA de 1938, posteriores a la filmación de Perjura, muestran su voz en plena juventud, interpretando con fuerza y nostalgia estos temas que, para entonces, ya tenían casi cuatro décadas de historia. “Perjura”, nacida en 1901, seguía siendo reconocida como el punto de partida de la música popular mexicana, aunque su autor jamás recibió más que aquellos 15 o 25 pesos iniciales (según las versiones), equivalentes hoy a centavos de peso. “Las Violetas”, compuesta el mismo año, tuvo un destino económico idéntico.

Senador Miguel Lerdo
de Tejada.
Sobre el compositor, vale añadir que Miguel Lerdo de Tejada II tuvo un hijo, Miguel Lerdo de Tejada III, de quien apenas existen datos. Todo indica que, como ocurre en muchas familias de artistas, el peso del legado y la dificultad de igualar la obra paterna limitaron su proyección. El nombre, sin embargo, quedó grabado en la historia musical de México gracias a las creaciones del padre.

Hoy, más de un siglo después de aquel pago que se fue en una bohemia parranda, “Perjura” sigue viva. Su melancolía y su cadencia resisten el paso del tiempo y las modas. Aunque el mercado actual se vea inundado de ritmos extranjeros y letras mínimas, esta habanera recuerda una época en la que la música se escribía con oficio, con versos largos y melodías para quedarse en la memoria. Es, en esencia, una historia de talento, injusticia contractual y permanencia cultural; la de un joven compositor que, sin proponérselo, dejó una huella imborrable en la música popular mexicana.


Canciones


De la pelicula

"La Danza De Los Apuros", Luis G. Barreido con la Orq. de Manuel Castro Padilla, danza de Miguel Lerdo de Tejada, 1938.
"Perjura" (ambas partes de la película "Perjura"), Jorge Negrete con la Orq. de Manuel Castro Padilla, danza de Miguel Lerdo de Tejada, 1938.
"Te Envie Violetas", Jorge Negrete con la Orq. de Manuel Castro Padilla, danza de Miguel Lerdo de Tejada, 1938.

De disco

"Perjura", Jorge Negrete con la Orq. Victor de Salón, danza canción de Miguel Lerdo de Tejada, 1939.
"Te Envie Violetas", Jorge Negrete con la Orq. Victor de Salón, danza vals de Miguel Lerdo de Tejada, 1939.

Texto y colección de David Huerta. La presente publicación se hace con fines de difusión cultural, sin ningún ánimo de lucros y para el conocimiento público del acervo musical mexicano.

Para servirle a Dios, a Don Porfirio y a usted: La sociedad porfiriana y sus recuerdos a través de la cinecomedia “México De Mis Recuerdos” (1944) de Juan Bustillo Oro.

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